PEPE ROMERO

TEATRO

PERFORMANCE

LETRAS

OTROS

 

ENTRE LA FIESTA & EL TEATRO

 

Antes del comienzo del teatro en la antigua Grecia, antes de los artificios , la sobre actuación, las grandes escenografías y los ostentosos vestuarios,  el teatro fue un fenómeno que pertenecía a la colectividad, donde asistentes participaban como espectadores-actores ,siendo la colectividad una parte fundamental para la celebración de los rituales en honor del dios Pan (dios del placer y del vino) en las llamadas bacanales. Antes de que apareciera el héroe e impusiera como colectiva su propia voz ( o la del autor ) lo que actualmente entendemos como teatro a palabras de Max Herrmann encontraba su “sentido originario” en la celebración de la fiesta. Por lo tanto no es extraño que con  el cambio de siglo entre el diecinueve y el veinte Peter Behrens y Georg Fuchs proclamaran que “el teatro debería convertirse de nuevo en una fiesta”.

 

Con la llegada de las estéticas de lo performativo a las acartonadas puestas en escenas previas a la llamada posdramaturgia y la insistencia del teatro de los últimos años respecto a la fragmentación de la ficción y la realidad como dos de los ejes principales de las producciones teatrales contemporáneas u “otras teatralidades“ es preciso atender el floreciente fenómeno de la cultura del club (club-culture) como nuevas formas teatrales escenificadas frente a las que ya no podemos estar sencillamente delante. Es en esas fiestas, espacios o situaciones de convivio y celebraciónes tanto publicas como privadas que rehuyen del mainstream normalizado para colocarse debajo de las cloacas de la etiqueta de lo outsider, de lo underground, de lo queer, etc. donde existe una mayor “calidad” respecto a la temática del discurso de expresión de los cuerpos de los individuos que en su mayoría no saben que se encuentran dentro un complejo sistema teatral casi primigenio. Es en el erotismo de los excesos y el descontrol  de los cuerpos y las mentes en pro del placer y el deseo donde se da paso a la expresión del cuerpo del individuo y su apropiación estética de forma artística y política hacia las individualidades de los asistentes de la fiesta / celebración. Las discotecas se han convertido en los nuevos escenarios de un tipo de teatro mas cercano a sus orígenes dionisiacos, planteando micro-sistemas temporales de convivio y expresión para y por los cuerpos. La amplitud del espectro de la cultura club al igual que la del teatro contemporáneo propone una diversidad respecto a distintas posturas frente a estos fenómenos de sistemas de convivio y de expresión;muestra de esto son los distintos eventos en discotecas y teatros correspondientes a temáticas y públicos específicos, desde las noches Pop en discotecas “bugas” (heterosexuales) , a noches Circuit en discotecas de “ambiente” (homosexuales), de puestas en escena “comerciales” en los grandes teatros locales, a puestas en escena “intelectuales” en pequeños teatros universitarios. Las etiquetas mencionadas para los espacios y fenómenos de convivio tanto en la fiesta como en el teatro : son postuladas y predispuestas por un sistema de normatividad, donde la rentabilidad para el consumo en masa de los cuerpos e intelectualidades disidentes y la exotización de las particularidades de los cuerpos diversos pareciera permitir la ampliación del espectro de los limites de la libertad de expresión negada hoy en día para muchos de nosotros , teniendo como opresor ese sistema normativo que actúa directamente sobre nuestros cuerpos y sus producciones expresivas.

 

Es el fanatismo de algunos individuos respecto a este sistema normativo y precario, lo que provoca la negación y el exterminio de los “otros cuerpos”, siendo este exterminio ( tanto metafórico como real) del cuerpo del otro lo que hoy en día continua demarcando los limites de dicho sistema, teniendo como gran aliada la  violencia a los otros cuerpos propiciada por la intolerancia, liberando el caos y la confusión en un entorno bárbaro. El atentado de 1981 en el teatro Juan Ruiz de Alarcón a la Infantería Teatral Veracruzana durante la representación teatral de la obra de Oscar Liera “Cucara y Macara “, al igual que el reciente atentado y multihomicidio en el centro nocturno “Madame” (punto de reunión de la comunidad LGBITQ local ) son heridas aun abiertas para la ciudad de Xalapa y el país, para la comunidad teatral y para la comunidad LGBITQ, en ninguno de ambos casos se han tomado represalias ni realizado demandas directas a los productores y gestores de actos tan violentos que ciernen sobre la memoria de dos comunidades y de dos espacios arquitectónicos y temporales aparentemente paralelos que han sufrido los estragos del colapso de un sistema de normatividad arcaico e intolerante, un sistema comandado por la violencia proveniente de una cultura a la muerte arraigada a la fanática realización y legitimación de dicho sistema evidentemente obsoleto que actúa directamente sobre los cuerpos a pesar de la violencia, con la finalidad de ejercer control sobre la subjetividad de la condición humana. Este sistema normativo es resguardado por la negligencia, la impunidad y corrupción de la memoria de cada uno de nosotros, del conjunto, de la memoria colectiva, donde el olvido toma una peligrosa posición de resguardo (No esta de mas mencionar aquí La golpiza a los estudiantes de la Universidad Veracruzana en el cuartito de la calle Heron Perez, los asesinados en las huelgas de la fabrica de San Bruno, que son solo una fracción especifica de una lista interminable tan solo para la ciudad de Xalapa. ).

 

 En el teatro como en la fiesta es donde se debe propiciar la exposición , organización y reunión de los cuerpos para la celebración de la otredad ,en la fiesta como en el teatro donde se debe invitar a la posibilidad de la creación de nuevos sistemas  en donde la aceptación y validación de los diferentes cuerpos  logre crear un sistema de producción y gestión de la felicidad individual y colectiva , para el consumo, asimilación , expansión y expresión de cada uno de nosotros en un entorno de tolerancia y respeto, buscando la abolición de la barbarie y la violencia y dar paso a la comprensión del deseo colectivo como deseos particulares dentro de un espacio en que se propicie la trascendencia de los presentes.Es necesario llevar al olvido los conceptos de segregación y negación del otro, que son los principales precursores de la actual ejecución de violencia en los cuerpos que forman parte de este colectivo municipal, estatal, nacional, continental y global.Urgente “La producción y gestión de la felicidad y el placer como contra respuesta a la producción y gestión del miedo.”

El underground bajo el sol : "No somos tontos; sabemos lo que hizo Marcel Duchamp"

 

Nadie sabía qué esperar. Mexican Jihad se apropió de la ambientación sonora de la sala del museo. Esa tarde, a plena luz del día, el piso de un lugar principalmente creado para la exhibición y contemplación se convirtió en pista de baile: algunos tomaron su papel como espectadores de lo que ocurría y un grupo de jóvenes expuso sus atuendos, sus movimientos corporales solitarios frente a una consola rodeada de cables donde LAO los envolvía con sus sonidos oscuros y UNIIQU3, brillante, los transportaba a otros espacios emotivos, sensoriales. Los “espectadores” se encontraban lúdicamente en una posición en la cual no podían quedarse inmóviles frente a la “pieza”: se exigía su participación.

El evento de la productora de música electrónica mexicana N.A.A.F.I en el Museo Jumex, el primero de Residencia (con mayúscula) que durará todo el año, logró su cometido principal: ponernos a todos a bailar.

Pero dada la circunstancia actual dentro del mundo del arte contemporáneo, que ha sufrido paulatinamente modificaciones que ponen en la cuerda floja conceptos técnicos, de proceso y conceptualización del arte, el evento realizado el pasado 11 de abril se sitúa en la periferia de distintas interpretaciones, cuestiona el concepto de periferia mismo y abre aquí la posibilidad de transgredir los límites de la apreciación artística tradicional: así el evento/pieza artística es el detonador de la creación y exposición de contenidos generacionales/grupales/estéticos e incluso políticos, sin la necesidad de ser una declaración política. Aquella tarde se transgredieron límites y Residencia se convirtió en algo más que un concierto de música o un rave dentro de un museo.

 

Desde un principio, la productora y el museo buscaron la detonación de diversas interpretaciones y temáticas alrededor de la situación, a partir de un contexto “museográfico” y de ciertos lineamentos artísticos contemporáneos. Encontraron en las denominadas “zonas de disturbio” algo más allá del discurso acerca de la periferia que, generalmente, se exhiben en momentos donde algo como N.A.A.F.I se presenta en un lugar como el Museo Jumex.

El evento podría situarse en diversas interpretaciones desde un ready-made de Duchamp hasta el happening, pasando por el performance art, el situacionismo e incluso el teatro posdramático: el evento creó un espacio de excepción, donde la arquitectura y ambientación se aprovecharon como tema para la comunicación. Los participantes pudieron tomar distancia respecto a lo cotidiano, y se perfiló la descontextualización espacial y temporal de un grupo de personas afines a un estilo musical en particular, que decidió salir de la obscuridad y el cobijo que brinda la noche, a la exposición pública en un espacio de contemplación en horario familiar. La evocación del situacionismo por parte de N.A.A.F.I dentro de cada uno de sus eventos es clara, la construcción de situaciones y la introducción de situaciones “ficticias” o “inventadas” que surgen desde la cotidianidad logran convertirse en un estandarte político de la vida cotidiana en pro de una revolución personal y grupal de los participantes.



El avance de las tecnologías, la llegada del internet al hogar de las clases medias y la necesidad de conceptualizar/concebir el ciberespacio en la década de los noventa han marcado a toda una generación, la han obligado a adaptarse y a buscar nuevas formas de relaciones y producciones. El auge de las redes sociales comenzó a agrupar, clasificar y —dicho en el contexto del arte actual— a “curar” seres humanos y situaciones. Comenzamos a entablar relaciones virtuales con personas afines a nuestros gustos estéticos e ideológicos; a agruparnos a través del internet en cadenas de relaciones tanto reales como virtuales que incluso traspasan fronteras; creamos proyectos personales, grupales, artísticos, políticos… Un claro ejemplo de esto es N.A.A.F.I al proponer, a través de la música y el baile, la posibilidad de un punto de encuentro fuera de la virtualidad. Esto creó una comunidad de personas con inclinaciones y tendencias creativas y artísticas, amantes de los excesos y las fiestas; y generó un microsistema de producción y consumo, que comenzó a establecer una estética grupal tanto de productos materiales como simbólicos.

      Empezamos a crear comunidad, a vernos como una tribu, una subcultura, nos vimos inmersos dentro de un movimiento underground; comenzamos a llamarnos a nosotros mismos underground, creamos un underground ficticio; comenzamos a generar un trabajo y un diálogo con las clases desprotegidas, con los cuerpos y “sexualidades abyectas”, “anormales”, con los movimientos de las llamadas periferias, con sus estéticas, sus tendencias; comenzamos a filtrar y recopilar información que desembocaría en nuestras producciones artísticas: en la música, en la moda, en el teatro, en la fotografía, etcétera.

      No es casualidad que eligiéramos la colonia Juárez como punto de reunión y gestión de este culto a lo raro, a lo extravagante, con prácticas contrasexuales, con apertura y elogio a la diversidad. Empezamos a reunirnos, asistir a las mismas fiestas, a los mismos eventos, a escuchar la misma música, a vestir prendas de nuestros amigos diseñadores. Comenzamos a generar grupos, a producir y a darnos a conocer, a documentarnos y exponernos en el ciberespacio, a figurar en revistas locales y nacionales independientes, e incluso algunas plataformas de comunicación extranjera empezaron a adoptarnos, a publicarnos. Compartimos parejas sexuales, bailamos al mismo ritmo, consumimos las mismas drogas.

      Vimos la posibilidad de hacer algo importante, hallamos en la fiesta y la vida nocturna la posibilidad de obtener al día siguiente más que una inmensa resaca: las fiestas se tematizaron y se volvieron un espacio de expresión, un sistema controlado para el descontrol, donde como niños en un corral de juegos comenzamos a jugar constantemente con los límites de sistemas sociales, morales, éticos e incluso legales que nos parecen caducos hoy en día, con un ideal romántico del artista vividor lleno de excesos, situaciones, vivencias y tendencias extra contracotidianas, ligados a los movimientos de la cultura underground a nivel mundial.

“La evocación del situacionismo por parte de N.A.A.F.I dentro de cada uno de sus eventos es clara, la construcción de situaciones y la introducción de situaciones “ficticias” o “inventadas” que surgen desde la cotidianidad logran convertirse en un estandarte político de la vida cotidiana en pro de una revolución personal y grupal de los participantes.”

 

Pocos días antes del evento, se publicó en las redes oficiales de la productora las disposiciones del museo respecto a algunas condiciones de acceso y comportamiento: *No bebidas/comida. *No mochilas/bolsos. *Prohibido fumar. *Prohibido salir con bebidas del nivel 1.      Esto no causó ningún problema, más bien se leyó como una señal de prevención del nuevo contexto y éstas son las vicisitudes de traer cierto tipo de escena a una institución. Dentro de aquella sala de museo los que formamos parte de esta escena, nos encontramos expuestos frente a aquellos que van por primera vez a un evento de N.A.A.F.I, o que incluso por primera vez entran a la sala de un museo de arte contemporáneo. Esta situación me hizo pensar en el cuerpo del performer, el cuerpo protestando de los actores en el memorable performance Paradise Now, de The Living Theatre, a finales de los sesenta. Durante aquel famoso mayo de París, por disposición del Festival de Teatro de Aviñón, un grupo de jóvenes se expuso semidesnudo frente a un público en lo que parece ser una reunión, donde consumían mariguana y distintas drogas psicodélicas, incitando al público a volverse parte de aquel evento, a bailar, a ser parte de ellos, a fumar mariguana y a clamar en gritos de revolución por sus derechos de consumo, de sus cuerpos, de su forma de vestir y su forma de amar.

      En esta tardeada, una vez más, el arte y quizá en este caso más que el arte el espacio arquitectónico ―espacio regido por parámetros de legitimización institucional privada del arte―, permitieron poner en manifiesto la exposición de un grupo de personas, una comuna, una tribu, una “movida” que pone en juego distintas construcciones sociales y que desemboca en algo que a simple vista podría parecer banal como lo es la fiesta y la escena de la vida nocturna, que sin duda transformó un espacio, una institución, y generó una situación social inusitada, necesaria para las expresiones artísticas emergentes y “desprotegidas” a nivel mundial.

 

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